18.5.09

La última vela


Querido Don Mario:

Leo que su voz se ha apagado y que su pluma ya no volverá a transmitirnos la alegría de creer en la dignidad y, como si fuera un amigo al que hace tiempo que no veo, todas sus sabias palabras, leídas, disfrutadas, gozadas, pasan por delante en una comitiva que es a la vez jodida y llena de esperanza. Y sé que la semilla de todo lo que nos ha enseñado no se perderá. Y el milagro de haber mostrado cómo querer, la maravilla de la escritura valiente y la ternura que cada uno de sus pasos desprendió harán del mundo un lugar en el que vale la pena pasar un rato. Me hubiera gustado haber podido abrazarle y agradecerle todo lo que hizo. Porque cada uno de sus relatos, de sus poesías, de sus novelas son herramientas con las que esparcir una humanidad que, a veces, parece en peligro de extinción. Descanse en paz, Don Mario y, allí donde esté, probablemente a la izquierda de algún roble, no olvide que le debo un abrazo.

5 comentaris:

Marta +deu ha dit...

Quina llàstima, quines paraules més maques. És d'aquella gent que hauria de ser immortal, ho serà al nostres cors.
Gràcies Aniol per presentar-me'l!!
Petons

Anna ha dit...

per què sempre moren els bons?

nimue ha dit...

hi ha gent que sembla que no s'ha de morir mai.... quina tristesa...

Cesc ha dit...

Mario era un gran escriptor i persona, pocs en trobarem com ell :)

vafalungo ha dit...

Marta: Sí, quina llàstima...

Anna: No ho sé, però d'entre els bons, ell era dels millors.

Nimue: Sí, quina tristesa...

Cesc: Únic i irrepetible, sens dubte.